
Oliverio Girondo como li-libélula.
por Iliana Pichardo

La poesía siempre es lo otro,
aquello que todos ignoran hasta que
lo descubre un verdadero poeta.
Oliverio Girondo.
No había encontrado otra forma de expresarme si no fuera con el código normal de las palabras aprendidas. Reconozco en ellas la enorme funcionalidad de extender puentes de comunicación con el otro, de poder decir quiero, de poder decir se me antoja y encontrarme comprendida. Pero de pronto, las palabras también me limitan. Los contextos tanto míos como los de la gente con la que interactúo no son los mismos, los significados son culturales y también son subjetivos, esto hace que nos malentendamos y que las letras no exploten en toda la extensión que yo quisiera. Las palabras después de cierto uso, se vuelven huecas.
Y entonces Oliverio Girondo entra rompiendo una estructura-lenguaje con sus no-palabras, creadas por él, que trascienden códigos y construcciones gramaticales y llegan a ser ¡porfin! las letras que buscaba. No encuentro su significado en un diccionario, pero al leerlo me dice mucho más que una definición porque me dejo seducir y me complazco con saborear las pala-sonidos que mastico al leer. Las palabras no son una abstracción, ellas mismas tienen formas que se traducen en sentimientos y sensaciones. Entre el sonido y el significado hay un puente. A través de asociaciones inconscientes las palabras sobrepasan el ámbito intelectual para llegar al sensorial. Entonces decir –demonoave dea rosa- no me remite a nada, pero me invento su significado, o tal vez no es necesario que lo haya. Veo a las palabras como pequeños golpes profundos, tal vez dolorosos y entonces quisiera llorar las palabras y comerme el poema porque quiero hacerlo más mío.
Poema: Mi Lumía. Trasciende idiomas, estalla el lenguaje, poder de comunicar. En sus poemas, Girondo se disgrega, se distiende, se transmigra sobre las hojas. Lo veo como una líbelula recorriendo el cuerpo de una mujer, la alumbra. Brillo. Da vueltas y la funde, tan natural, en su universo. Con la letra L, lu, luar, Lumía, la describe y la sume en su espasmo, su caída. Su misterio de palabras que remiten a sonidos, de sonidos que remiten sensaciones, sensaciones a imágenes y entonces sin saber de dónde vino: la sensualidad escondida, el deseo de por lo menos, morder el poema, revolcarme en lo que puedan agazapar mis sentidos, que es mucho, o es poco, pero no importa y lo intento. Me dan esas ganas, como Girondo dice, de lamer constantemente la vida.
Encuentro en Mi Lumía – mi lu tan luz tan tú que me enlucielabisma- otra realidad de un lenguaje que no encasilla las cosas porque Girondo lo ha utilizado para redoblar, resignificar y recrear. En su libro El mono gramático, Octavio Paz dice que: Primero el mundo se vuelve lenguaje, después el lenguaje se convierte en mundo y finalmente gracias al poeta el mundo queda sin nombres.
Mi Lumía no nombra. Abre una galaxia de posibles palabras:
Mi Lumía
Mi Lu
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes con sus melimeleos
sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y
gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía.